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Breve historia del Museo
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Fernando Coronato
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El origen del Museo del Desembarco se remonta a 1996, cuando la Municipalidad organizó el Concurso de Ideas Puerto Madryn Siglo XXI y una de las ideas ganadoras proponía la creación del Parque Histórico Punta Cuevas y un centro de interpretación sobre el desembarco de los galeses. En el año 2000, el ofrecimiento público del edificio El Barco resultó desierto y circuló la idea de demoler ese edificio. Fue entonces cuando desde la Dirección del CENPAT se vio la oportunidad de aprovechar el inmueble vacante para abrir un “centro de exposiciones”, el que se inauguró el 25 de mayo de 2001. La planta baja del edificio se consagró a la arqueología y la antropología de los pueblos originarios, mientras que en la planta alta funcionaba el “centro de interpretación del desembarco de los galeses”. En el convulsionado diciembre 2001, se cerraron ambas exposiciones ante el retiro del CENPAT. La Fundación Ameghino entonces tomó a cargo la gestión del inmueble y en abril de 2002 se reabrió la planta alta, siempre consagrada al tema del desembarco. A fines de 2003 la Municipalidad pensó en darle otro destino a todo el edificio, pero una campaña de “No al cierre del Museo de Punta Cuevas” que recolectó más de 5.000 firmas, logró sostener la permanencia del “centro de interpretación”. En abril de 2004 se creó la Asociación Punta Cuevas para hacerse cargo de la administración y gestión de la exposición y poco después se le cambió el nombre a “Museo del Desembarco”.
Siguieron diez años de convivencia no siempre fácil con el restaurante que funcionaba en la planta baja. Al acercarse los 150 años del desembarco del Mimosa, en 2015, la Provincia y la Municipalidad tuvieron ambiciosos planes para el simbólico lugar pero no se concretaron. Las celebraciones del sesquicentenario encontraron al Museo cerrado y al edificio semidemolido.
Tras la demolición de la planta alta y una aceptable remodelación de la planta baja por parte de la Municipalidad, la Asociación Punta Cuevas pudo volver a montar el museo. Así, la exposición sobre la llega de los colonos galeses nació (2001) y volvió a nacer (2002 y 2016), y como el refrán dice que “la tercera es la vencida”, tenemos la certeza de que el Museo del Desembarco podrá seguir poniendo “La Historia en su Sitio” sin más tropiezos.
Los galeses están aquí!
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Dr. Fernando Coronato
La llegada de los galeses a la Patagonia tuvo lugar en el marco de la gran inmigración europea en la segunda mitad del siglo XIX. El mayor interés de esta colonización radica en el hecho de ser el primer intento exitoso en afincarse en la Patagonia argentina, al sur del río Negro.
En 1843, Chile ocupó el Estrecho de Magallanes y 10 años antes Gran Bretaña había desalojado a los argentinos de las Malvinas. Loberos y balleneros franceses y norteamericanos operaban libremente en las costas patagónicas. La bandera argentina sólo flameaba en el establecimiento que Luis Piedra Buena tenía en isla Pavón, en Santa Cruz.
Una colonia en la Patagonia convenía a los intereses del gobierno de Buenos Aires y a los de un grupo de nacionalistas galeses que buscaban un territorio "vacío" donde desarrollar su cultura sin la opresión inglesa.
El primer grupo de unos 160 colonos, navegó directamente desde Liverpool en la goleta Mimosa. El 28 de julio de 1865 desembarcaron en el extremo del Golfo Nuevo, en un fondeadero que pronto sería llamado Puerto Madryn.
Allí, en Punta Cuevas pueden verse todavía las ruinas de las primeras viviendas: una hilera de cavas dentro de las que se habían colocado casillas de madera. Como el objetivo de los colonos era cultivar la tierra, se instalaron en seguida en el valle del río Chubut cerca de la desembocadura, donde surgió el pueblo de Rawson.
Las enormes dificultades iniciales se debieron principalmente a la aridez del clima y al aislamiento. En 1867 los colonos decidieron abandonar la colonia y se volvieron a Puerto Madryn a esperar un barco; y una vez más vivieron en las cavas.
Aunque algunos se fueron, la mayoría permaneció alentada por las promesas de ayuda del gobierno argentino si intentaban un año más. La adaptación al nuevo entorno duró al menos tres años más, durante los cuales los colonos aprendieron la necesidad del riego y las ventajas del intercambio con los tehuelches, gracias a quienes la colonia subsistió en esos duros años.
Las cosas empiezan a mejorar en 1874 al llegar nuevos colonos de Gales y de Estados Unidos, trayendo algo de capital, maquinarias y energía fresca. La expansión de los cultivos río arriba dio origen al pueblo de Gaiman. El trigo del Chubut alcanzó el mercado de Buenos Aires y la colonia empezó a comerciar internacionalmente.
Pronto hizo falta un ferrocarril que uniera el valle con el puerto. En 1886 unos 400 trabajadores llegaron en el Vesta a Puerto Madryn; la línea férrea se tendió entre este sitio y un punto sin nombre en el valle del Chubut, a mitad de camino entre Rawson y Gaiman, que pronto se conocería como Trelew.
Este período de expansión llevó a los galeses hasta los Andes, a 600 km al oeste, donde formaron una nueva colonia y a la llanura de Sarmiento, 400 km al sureste, de donde se originaría Comodoro Rivadavia. Podría decirse que desde el primer establecimiento en el valle inferior del Chubut, los galeses desencadenaron la colonización de toda la Patagonia central.
Dos catastróficas inundaciones destruyeron el valle del Chubut en 1899 y 1901 quebrando el desarrollo sostenido de la colonia. En 1902 un grupo numeroso se fue a Canadá y otro a Choele-Choel, en Río Negro.
Hacia la Primera Guerra Mundial ocurrieron grandes cambios en la marcha de la colonia: el último grupo organizado llegó en 1911, y a partir de entonces prevalecieron los arribos de otros orígenes. Se estima que unos 3000 galeses se instalaron en la Patagonia entre 1865 y 1911. Aunque es una cantidad pequeña, representa una proporción muy considerable en una región entonces tan escasamente poblada. Todavía se nota la presencia galesa en la Patagonia, especialmente en el valle inferior de
l Chubut y en Trevelin-Esquel. El idioma galés todavía se habla y se enseña en Chubut, y eventos típicamente galeses, como los Eisteddfod, se celebran regularmente. Los vínculos entre Gales y los galeses patagónicos están más fuertes que nunca gracias a las facilidades de nuestra época. En fin, puede decirse que el sueño de los fundadores de "una Nueva Gales en Sudamérica", se cumplió en gran medida durante dos o tres generaciones, y que aún hoy las hebras galesas son claramente visibles en el entramado de la sociedad patagónica del siglo XXI.
